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realidad podríamos convenir que las costumbres suelen ser fiestas y al
contrario. Tuve mis dudas al concebir apartados diferentes para ambas
cuestiones, pero finalmente me decidí por darles un tratamiento
separado. La razón es bien sencilla: existen algunas costumbres que no
llegan a alcanzar el rango de fiestas en un sentido general, sino más
bien a nivel particular. Por ejemplo, la matanza que todavía subsiste a
duras penas, es una costumbre muy arraigada en Lopera y en los pueblos
limítrofes, y a pesar de que antaño suponía celebraciones en torno a
este rito más propio del subdesarrollo de la posguerra que de nuestros
días, pienso que no llegaba a ser una fiesta como tal, sino un festejo
familiar.
A continuación haremos referencia a aquellas costumbres que siguen todavía vigentes. En algunos casos remitiremos al apartado Fiestas cuando exista una coincidencia. |
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| Calendario de costumbres | ||||||||||||||||||||||||||||||
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| LA MATANZA |
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Actualmente no se crían cerdos en las casas, pero sí existen loperanos que siguen haciendo "la matanza" con cerdos que compran el mismo día que lo sacrifican.
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| EL REMATE DE LA ACEITUNA |
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Son muchas
las costumbres que giran en torno a la recolección de la aceituna, todo
un acontecimiento en los inviernos loperanos. Sin embargo, la gran
mayoría de las mismas han desaparecido, como gallos y corchos, echar el
pañuelo, sermones desde el olivo, migas en los molinos, la caña del
panadero, etc. La única que pervive es el remate, una tradición derivada
de lo que antiguamente se conoció como "echar el pañuelo". Una
moza lozana y atrevida de la cuadrilla de aceituneros se dirigía al
señor de la finca, una vez próxima la finalización de la recolección,
y le echaba el pañuelo de la cabeza sobre el hombre. Acto
seguido le recitaba una especie de letanía que recogía el sentir de
todos los miembros de la cuadrilla en relación con una fiesta de
despedida de la temporada.
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| LA CANDELARIA |
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Ver el apartado FIESTAS.
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| LOS CASCARONES DE CARNAVAL |
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Como su nombre indica se trata de cascarones de huevo de gallina o de pava (estos últimos son más difíciles de conseguir hoy en día por cuanto se ha perdido la tradición de criar estos animales en los corrales de las casas) a los que se extrae la clara y la yema por un pequeño agujero que se hace en el extremo menos puntiagudo. A continuación se deja secar un tiempo. En mi infancia recuerdo cómo se ponían éstos en los rosales, jazmines u otras plantas del patio. Seguidamente se prepara el "picaíllo" a base de trocitos de papeles de colores o de revistas, ceniza e, incluso, harina. Una vez relleno el cascarón, se tapa el orificio mediante un círculo de papel, que se pega al mismo mediante la denominada "gachuela", que no es otra cosa que una mezcla de harina y agua. El uso del cascarón es muy sencillo y consiste en estrellarlo contra la cabeza de otra persona esparciendo tras el "cascaronazo" su contenido por el pelo. Lo más temido de esta tradición son los cascarones de huevo de pava, cuya dureza hace que la víctima entre en cólera debido al terrible dolor que causan. Una estampa complementaria del carnaval loperano la constituían los vendedores de cascarones. Personas que se entretenían durante el año en recoger los cascarones de las panaderías, tan abundantes antaño, y periódicos viejos de las barberías. Recuerdos de mi infancia me traen la figura de "Manolito ponte el velo" en la calle del Caño liso vendiendo cascarones. Hoy en día, todavía existen algunos vendedores como Paco "El Cantica" o Josefa Puentes (en una foto del año 1999), quien todavía siguen fieles a la tradición y venden cascarones en cada Carnaval.
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| LOS DULCES DE SEMANA SANTA |
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En Semana Santa es costumbre en Lopera hacer dulces. Antes, los vecinos tenían más facilidades al ubicarse las panaderías en el mismo pueblo. Panaderos como "El Chico el panadero", "Paco Cobo", "El Lute" o "Enriqueta" acogieron en sus hornos a los vecinos que acudían a prepararse sus propios dulces utilizando el horno de la panadería. Mi infancia me lleva al recuerdo de una cesta de mimbre, al olor de la masa y de los dulces horneándose en la panadería del "Chico el panadero" y al bullir de mujeres batiendo la clara de los huevos en lebrillos de barro. De aquellos hornos salían exquisitos almendrados -que siempre fueron de avellanas-, roscos de agua, magdalenas, roscos de vino y, especialmente, las mantas de bizcocho o de magdalena. Estas últimas se troceaban en cuadrados o en rombos. Todos los dulces eran colocados meticulosamente en tandas dentro de las cestas de mimbre y transportados por las mujeres a sus casas respectivas donde se custodiaban en lugares frescos. Y a partir de aquí se producía un trasiego continuo de los niños de la casa a buscar aquellos manjares dulces. En la actualidad esta tradición se mantiene a duras penas debido a diversas razones, en especial, al culto que se rinde en la sociedad en la que vivimos a las cosas prefabricadas.
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| EL ENTIERRO DE LA SARDINA |
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En los últimos años se ha recobrado e impulsado esta antigua costumbre. En la noche del miércoles de ceniza se celebra el Entierro de la Sardina y se pone fin al tiempo de Carnaval a la vez que se inicia la Cuaresma. Se llevaba a cabo de la siguiente forma: En un carro manual de dos ruedas se acostaba a un o una joven y por las calles de Lopera se hacia una especie de procesión. El cortejo iba acompañado de un gran número de viudas y dolientes en riguroso luto y con máscaras, con gran estruendo de llantos y sollozos. Al supuesto difundo se le daba de beber vino a través de un embudo. El gran ruido de la comitiva hace que los loperanos salgan de sus casas. Actualmente esta tradición está siendo potenciada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Lopera.
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| LOS MAYOS |
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Ver el apartado FIESTAS.
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| MELONARES |
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El melonar loperano, como el que se aprecia en la fotografía, obedece al patrón de "pujarillo" o pequeña extensión de cultivo dedicada al consumo familiar. Su cría pasa por diversas fases que ponen de manifiesto la importancia de la experiencia en el tratamiento de esta planta. Para facilitar esta tarea y evitar los hurtos de melones, se hace -más bien se hacía- una choza de paja a la que se solía trasladar toda la familia. El melón más típico de Lopera es el conocido como "escrito" o "mauro" que desprende un olor característico y tiene una dulzura exquisita. Son melones muy prematuros y de corta duración, por lo que también se plantan otras variedades como los verdes de gruesa corteza y que bien guardados pueden perdurar hasta la Navidad. Entre las matas de melones también se plantan sandías de secano, caracterizadas por tener las pipas y la corteza muy gruesas y una carne muy jugosa. Bordeando el melonar suelen plantarse pipas de tornasol y zaina para alimentación de los animales.
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| FAROLAS DE SANDÍA O MELÓN |
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En una mezcla de gastronomía, tradición y fervor religioso esta costumbre que data del siglo XVI consiste en alumbrar al Santo Patrón de Lopera, San Roque, con sandías o melones a los que se ha vaciado la pulpa. En la corteza se hacen incisiones con una navaja o cuchillo para adornarla con dibujos variados, siendo los más típicos la luna, una escalera, el sol, macetas, ... A continuación se coloca una vela en el fondo y se pone un asa para que así pueda llevarse sin quemarse. Suelen ser más abundantes las sandías porque el contraste del verde de la corteza con la luz de la vela es más intenso. Además, la sandía de secano al tener una piel gruesa permite mayor lucidez en la calidad de los dibujos.
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| SOLDADESCA Y SALVAS AL CRISTO CHICO |
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Existen varias hipótesis sobre el nacimiento de la cofradía del Cristo Chico y sobre la utilización de pólvora en la procesión. De hecho los historiadores locales no están de acuerdo en el tema ni se mantiene uniformidad en la tradición oral respecto a esta cuestión. Quizás la hipótesis más extendida sea la de que unos soldados encontrasen una talla pequeña de un Cristo cuando realizaban unas excavaciones en el lugar conocido como el Humilladero (situado a las afueras del pueblo). Este hecho ocurrió probablemente hacia finales del siglo XVIII y significó la creación de la Cofradía de la Soldadesca (1761), cuyos cofrades, llevados por su fervor disparaban salvas en honor del Cristo a lo largo de su recorrido.
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| ROMPER LA TEJA |
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Todavía hoy se mantiene esta costumbre que servía para confirmar el noviazgo. Un grupo de amigos de los presuntos novios le rompían a éstos una o varias tejas en un lugar público, que podía ser el paseo, la calle o la misma puerta de la casa de la novia. Ante tal ruido, acuden los padres y vecinos que suelen aceptar de buen grado la broma . Acto seguido, consentido el noviazgo, los novios invitan a los amigos. En el pueblo circula la voz de "a esos novios le han roto la teja", que sirve para darle un carácter oficial a la relación.
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| GALGOS Y GALGUEROS |
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Mi abuelo, Benito Vallejo, siempre tuvo galgos. Según me cuenta mi madre, su galgo Huracán fue uno de los más veloces de sus tiempos y cada vez que salía de caza al campo, liebre que corría, liebre que traía entre sus dientes. En la actualidad, la costumbre de criar galgos y de cazar con ellos está más arraigada que nunca existiendo una rivalidad, que por ahora sintoniza, entre galgueros y escopeteros. Entre los galgueros más afamados de Lopera cabe destacar a Antonio Díaz, José y Juan Manuel Sánchez, Marcos Ruiz, José Alcalá, etc. Incluso, se ha creado una sociedad galguera, denominada "Matacán".
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| LA VENDIMIA |
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Al vino loperano dedicamos un amplio espacio en el apartado Gastronomía. |
| TRABAJANDO EN LA ERA |
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Algunos de los textos de esta sección han
sido extraídos del libro: PANTOJA, J.L. (2000). Ayer y hoy del calendario de fiestas y tradiciones loperanas. Lopera: Ayuntamiento de Lopera. |
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