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Existen muy pocas
fuentes que indiquen el origen y la simbología del escudo de Lopera. Un
primer problema lo encontramos en que la villa de
Lopera no contesta a las Relaciones Tipográficas de Felipe II de los
años 1575 y 1578, donde se podrían encontrar algunas referencias al
escudo usado por el municipio. Hasta 1789, con la obra de Bernaldo de
Espinalt, en su "Atlante español", no hemos encontrado
referencias al escudo. La primera manifestación se halla en un blasón
de piedra de orden toscano que se existe en la fachada del Ayuntamiento
con fecha de 1605. Con tan pocas referencias, desconocemos la
cronología de su origen armero.
En cuanto a la interpretación de las piezas del blasón, tenemos que acudir necesariamente a la historia local para encontrar la clave de su significado. La armería responde a la siguiente descripción:
Existe otra versión del blasón municipal, de la misma fecha, que carga las mismas armas alterándo solamente la disposición de las piezas del II y III cuartel.
La ratificación del actual topónimo de LOPERA, derivado del patronímico Lope de Haro, es bien patente, tanto a nivel léxico como heráldico, ya que en este último caso, en el III cuartel, aparecen las armas correspondientes al linaje Lope de Haro, dos lobos pasantes. Siguiendo con la interpretación simbológica, la cruz de Calatrava se identifica con la pertenencia de LOPERA a la citada encomienda. En cuanto a la pera, pieza que se encuentra en uno de los cuarteles, no hemos logrado encuadrarla en ningún hecho histórico, si bien se apunta que el toponímico de Lopera, proviene de un doble étimo latino: lupus (lobo) y pirum (pera). Que por asimilación y contracción darían lugar al nombre del actual topónimo. Si aceptamos como válida esta segunda hipótesis, encontraríamos la ratificación de la existencia de la pera (pirum) así como de los lobos (lupus), si bien nuestra opinión se inclina en pensar que tanto los lobos, como el propio nombre de Lopera, derivan de la concesión de heredamiento hecha por Alfonso X a D. Lope de Haro, sin desdeñar la segunda hipótesis, aún no contrastada documentalmente, como el caso de la Luparia romana que derivó a Lupión, para la identificación de la pera.
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